Nuestra posición frente a las elecciones europeas

Ante las elecciones al Parlamento de Estrasburgo, llamamos a la abstención

Abajo la Unión Europea

Por una Federación de Repúblicas Socialistas de Europa

La Unión Europea se prepara para las elecciones 2019 al Parlamento de Estrasburgo. Tras las elecciones, se deberá constituir la nueva Comisión Europea, el ejecutivo de la institución. Ejecutivo que en última instancia es un títere del Consejo Europeo y su apéndice, el Consejo de Europa, el ejecutivo en la sombra que es el cónclave de los jefes de estado de los países miembros y el de sus ministros. Europa ha asistido a un largo recorrido desde la formación de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero en 1951, la creación de la Comunidad Económica Europea, de la Comunidad Europea a secas, hasta llegar tras el tratado de Maastricht de 1992 a la presente Unión Europea (UE). A lo largo de su historia, su papel ha sido la defensa de los intereses de las burguesías europeas tras la reconstrucción después de la segunda guerra mundial. El eje económico ha pasado siempre por Alemania, rescatada de las ruinas del nazismo sobre la base del apoyo estadounidense, un papel reforzado tras la caída del muro de Berlín que convirtió de la noche a la mañana al país en una nación de 80 millones de habitantes. El aliado subsidiario de esta potencia dominante ha sido Francia. La caída de la Unión Soviética y la disolución de los vínculos con los estados de su órbita, abrió para la burguesía europea la disputa con Estados Unidos por la anexión de ese gigantesco mercado, desde las fronteras alemanas hasta Moscú, y en el Oriente Próximo con Irán.

Pero los conflictos con Washington por esos territorios no han excluido la colaboración militar con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Por encima de los intereses faccionales están los objetivos políticos de Washington a los que la UE se subordina de forma contradictoria. La UE es un ordenamiento imperialista interno desde el punto de vista de la supremacía real de unos estados sobre otros, y a escala internacional en la lucha por los mercados. Este es el papel que ha jugado al desatar la guerra contra Yugoslavia junto con Estados Unidos con el objetivo de destruir la federación de repúblicas surgida en la posguerra y dominar los Balcanes tras la fragmentación. La lucha por el control del Este europeo se expresa también en la crisis de Ucrania con el apoyo al régimen surgido del Euro Maidán en la guerra contra las repúblicas de la región de Donbass y las sanciones a Rusia por la ocupación de la península de Crimea y Sebastopol. Alemania quiere convertir a Ucrania en su patio trasero y anexarse las tierras más fértiles de Europa, no solo para la producción agraria, sino como mercado para su industria agroquímica.

La convocatoria de elecciones al PE desató una ola de llamados a la votación ciudadana por parte de los partidos mayoritarios de Europa, bajo la afirmación de que la UE está amenazada por las corrientes llamadas “populistas”, que persiguen una mayor autonomía nacional y en última instancia la disolución del lazo que une a las naciones que conforman la UE. En este contexto, las dos grandes corrientes que hasta ahora han dominado ese parlamento, de un lado los afines al Partido Popular Europeo y del otro los afines a la Internacional Socialista como el PSOE español, pretenden una vez más disputarse la mayoría, ahora en manos del Partido Popular Europeo. Pero su temor es que la apatía y el rechazo abierto a las instituciones de Bruselas y Estrasburgo por parte de los trabajadores europeos desate una crisis de gobernabilidad en las instituciones supranacionales, similar a la que sufren las naciones del continente. La vieja derecha liberal conservadora ha encontrado una fórmula para salir de este bloqueo, su alianza con los grupos fascistas. Austria, con la coalición entre VPO y FPO -ahora en crisis-, muestra un camino que en España han seguido en Andalucía el PP, Ciudadanos y Vox pero que ante la reacción social en las últimas elecciones generales, y el descalabro del PP, han moderado transitoriamente. Al menos en España el intento de un giro nacional a la derecha ha fracasado. Pero esto no quiere decir que la tendencia al crecimiento del fascismo y a la fusión entre los viejos liberales conservadores con la extrema derecha esté muerta.

La aparición de las corrientes que el ‘establishment’ político y la prensa burguesa denomina “populistas”, como 5 Estrellas y la Liga de Italia, Reorganización Nacional de Marie Le Pen, Vox en España, AFD en Alemania, Fidesz en Hungría, expresan la disolución del centro político, tanto de derecha como de izquierda. Las corrientes del centro izquierda y las del centro derecha convocan a una participación masiva para detener esta presencia. Pero han sido las corrientes mayoritarias las encargadas de aplicar las medidas de recortes sociales, contención salarial y feroz endeudamiento que ha sido el eje del traslado de la crisis de 2007/2008 a los trabajadores europeos. Ha sido el PSOE en España quien en 2010, mientras rechazaba toda reforma constitucional progresiva, hizo una reforma exprés para modificar el artículo 135 de la constitución pactada con el PP entre gallos y medianoche, incorporándole la “obligación” del pago de la deuda externa. Son ellos los que han generado el descontento entre los trabajadores de la que hoy sacan partido los “populistas”. Mientras tanto las corrientes que se definen como la izquierda del régimen, como Unidas Podemos, Syriza en Grecia, Jean-Luc Mélenchon en Francia, o Die Linke en Alemania llaman a formar frentes amplios para contener a la derecha fascista. La inmensa frustración de los trabajadores ante la política de recortes sociales, endeudamiento, desempleo y penuria salarial, promovida por los grandes partidos europeístas es lo que ha dejado en manos de la extrema derecha la oferta de una salida distinta. Los frentes amplios electorales son el camino de la derrota de los trabajadores. El freno a la derecha pasa por la lucha por las condiciones de trabajo, el salario, el pleno empleo, la sanidad y la educación pública, la defensa de las pensiones estatales y la democracia irrestricta en el continente europeo.

Podemos con Pablo Iglesias, el Bloco de Esquerda de Portugal con Catarina Martens,  y France Insoumise con Jean-Luc Mélenchon firmaron una declaración de su grupo, Ahora el Pueblo, titulada “por una revolución democrática en Europa”. La declaración afirma que: “Es hora de romper con la camisa de fuerza de los tratados europeos que imponen la austeridad y favorecen el dumping fiscal y social. Es hora de que quienes creen en la democracia den un paso al frente para romper esa espiral inaceptable. Necesitamos poner un sistema económico injusto, ineficaz e insostenible al servicio de la vida y bajo el control democrático de la ciudadanía”. La cuestión central para estos dirigentes es despertar la ilusión de que el capitalismo es reformable y que bajo el control del “pueblo” va a satisfacer las necesidades de los trabajadores. Esto es una burda mentira. No hay posibilidad de que un sistema económico injusto se transforme en justo por el control democrático de la ciudadanía. El sistema económico es injusto porque los medios de producción son propiedad de los capitalistas y estos obtienen de la fuerza de trabajo la plusvalía que es la base de la acumulación capitalista.

Lo que estos “estadistas” proponen es disputar a los capitalistas, desde el gobierno de Europa, una fracción de las ganancias por la vía fiscal. Pero el grueso de los recursos que el estado obtiene por la vía impositiva está constituido por el impuesto al salario, el impuesto a la renta de las personas físicas, aplicado a millones de trabajadores. ¿Qué pretenden decir, que van a aumentar el tipo fiscal de las grandes empresas?… el tipo fiscal se aplica sobre los beneficios de las sociedades mercantiles y estos dependen del ciclo económico. En periodos de crisis la recaudación fiscal vía empresas se desploma. Y cuando hay aumentos de beneficios las cuentas se maquillan para ocultar los beneficios extraordinarios, una parte de los ingresos se retiene en paraísos fiscales, los capitalistas apelan a las desgravaciones, a los beneficios fiscales, a los créditos fiscales acumulados en los periodos de pérdidas. “Los Gobiernos democráticos tropiezan en sus tímidos intentos de ‘regulación’ con el sabotaje insuperable del gran capital” y la única forma de romper este círculo de hierro es abolir el secreto comercial y establecer el control de los trabajadores sobre las cuentas de las corporaciones.

El incremento de los beneficios de las empresas europeas tras la crisis financiera se basó en el aplastamiento de los ingresos salariales de los trabajadores. Esto equivale a un aumento exponencial de la explotación, al aumentar la fracción del trabajo no pagado. Precisamente por esto no se puede poner a un “sistema económico injusto, ineficaz e insostenible” -el capitalismo- al servicio de la vida. La única forma de establecer un sistema económico justo es eliminar la explotación del hombre por el hombre, expropiando a los capitalistas. Unidas Podemos vende humo. En la Europa contemporánea no hay conquistas posibles para la “revolución democrática” que preconizan.  Las revoluciones democráticas europeas entre los siglos 17 y 19 introdujeron las condiciones para el desarrollo capitalista estableciendo entre los derechos individuales la propiedad privada de los medios de producción. Bajo el grito de Igualdad, Fraternidad y Solidaridad se ocultaba la división entre poseedores y desposeídos. Los socialistas revolucionarios defendemos todas las conquistas democráticas introducidas por las revoluciones burguesas, con la excepción de la propiedad privada de los medios de producción. Esta es una tarea para el futuro europeo, que no surgirá de la UE imperialista sino en una federación de estados socialistas de Europa.

Mientras tanto, la tendencia a la disolución de la UE surge de sus propias entrañas como expresión de la competencia desaforada entre naciones por el control del mercado interior e internacional y por la gestión de los recursos en una fase de decadencia del capitalismo. Las tendencias a la disolución y los conflictos entre los estados no son nuevos. En 2005 el intento de establecer una Constitución europea fracasó por el voto en contra en Francia y Holanda. Afirmar que esto es obra del “populismo” es negar que la encarnizada lucha por la gestión autónoma de los recursos en el seno de la UE es el resultado de la caída del ingreso nacional, la desaceleración económica, el proteccionismo en el comercio internacional, la crisis bancaria larvada, la inmensa carga de la deuda pública y privada y las fuertes tendencias a la recesión en algunos casos y la recesión pura y dura en otros.

No han sido las corrientes populistas las que han determinado el voto en favor de abandonar la UE en Reino Unido, sino una profunda reacción de los trabajadores británicos que identificaron con la UE el ataque a sus condiciones de vida que preparaba el Gobierno conservador de David Cameron, con recortes salariales y reducción del gasto social. Ha sido este desplazamiento el que ha generado el Brexit y la crisis política sin salida de Reino Unido desde el referéndum para la salida de la UE. Los trabajadores británicos han sido conducidos al callejón sin salida de apoyar las condiciones de la burguesía coligada de la UE o a la burguesía británica en su aislamiento insular. Entre el llamado de los Tories, la indecisión Laborista o el canto de sirenas de los Liberales. Una oferta de las diversas variantes de la burguesía a través de sus canales políticos históricos y las “nuevas experiencias” como el extinto Ukip de Nigel Farage o su nueva versión. Reino Unido se ha precipitado en una crisis sin precedentes de su política interior y exterior, y esta es una expresión sin atenuantes de la tendencia a la disolución de la UE cuyo motor es la crisis económica internacional que se arrastra ya más de una década.

La alternativa progresiva a esta disolución es la organización de partidos obreros independientes en cada país que levanten un programa de lucha en contra del capitalismo, y la organización política independiente de los trabajadores a nivel europeo e internacional, es decir una Internacional socialista y revolucionaria que encabece la lucha por el pleno empleo, por el salario mínimo de 1200 euros, por la defensa de la sanidad, la educación y las pensiones públicas. Contra la privatización de los servicios públicos. Por la expropiación de la banca y la nacionalización del comercio exterior, por la expropiación de los grandes grupos empresariales, por el gobierno de los trabajadores, por una federación de repúblicas socialistas europeas.

Las burocracias sindicales de los distintos países europeos mantienen una política de colaboración con sus burguesías y con la UE, dividiendo a los trabajadores. Como parte de esa política, las luchas de los trabajadores de Europa se encuentran aisladas por la acción de esas direcciones sindicales y por los partidos que dicen representarlos. Las luchas de los chalecos amarillos en Francia, la huelga de las mujeres polacas, las luchas del pueblo griego contra el memorándum, las huelgas y movilizaciones en el Reino Unido, la batalla contra la Ley de la Esclavitud en Hungría, por mencionar algunas, han quedado dentro de las fronteras de los países a pesar de que los trabajadores tenemos los mismos intereses que son atacados por las directivas de la UE: recortes, derechos laborales, represión, cierres de empresas. La izquierda europea colabora con esta política planteando la reforma de las instituciones, “por una UE de los pueblos”, o incluso una Europa de los trabajadores, sin plantearse el derrocamiento de la organización imperialista.

En su esencia la UE es un pacto reaccionario entre las burguesías europeas firmado en un periodo de descenso de la tasa de ganancia capitalista con el objetivo de formar un bloque de libre comercio interior y de defensa colectiva de los intereses europeos en el mercado mundial. Sin embargo, la posibilidad de que las burguesías europeas se coliguen de forma igualitaria para la defensa de sus intereses y de su acción imperialista por la vía pacífica, fue y es “una utopía reaccionaria” que se encuentra en una fase de transición hacia su disolución. De forma general su constitución reflejó la tendencia del capital a superar la estrechez de las fronteras nacionales para su reproducción, pero de manera contradictoria la tendencia a su disolución expresa la incapacidad de las burguesías de superar esos mismos intereses nacionales que frenan el desarrollo de sus fuerzas productivas. En otra expresión de su naturaleza contradictoria la UE es escenario, de un lado, de las luchas entre las burguesías nacionales entre sí, y del otro de su acuerdo profundo contra los trabajadores de todos los países de Europa sin distinción de nacionalidad.

Algunas corrientes de la izquierda comienzan a reflejar la tendencia de un sector de la burguesía al atrincheramiento dentro de las fronteras nacionales, a la recuperación de soberanía como forma de superar el estancamiento y la crisis, en una reacción ante el fracaso de la UE. Llegan incluso a la defensa de las fronteras nacionales contra la irrupción de la emigración. La política hacia los migrantes de France Insoumise de Melenchon es expresión de esta mimetización con la derecha populista. La dirigente de Die Linke, Sahra Wagenknecht, y su marido Oscar Lafontaine por su parte lideran la política en contra de la apertura de fronteras dentro de su grupo. El surgimiento del soberanismo y la defensa de las fronteras nacionales es una adaptación de una fracción de la izquierda a las aspiraciones de las capas de la burguesía más conservadoras que pretenden un regreso imposible al desarrollo capitalista dentro de las fronteras nacionales en medio de la globalización.

Pero la propia UE les ha ganado por la mano mediante acuerdos para detener a la ola de desplazados por las guerras desatadas por el imperialismo. El éxodo desde el Oriente Próximo, como el caso de Siria o desde África, por las guerras locales y sus regímenes de hambre apoyados por el imperialismo europeo, es contenido detrás de las fronteras artificiales pactadas con Marruecos, Libia o Turquía. Esta es una catástrofe humanitaria que la Fortaleza Europa rechaza a pesar de su responsabilidad como nido de potencias imperialistas. En realidad la presencia de migrantes no sólo no es una amenaza para el empleo en Europa, sino que es un fenómeno asimilable sin dificultades por su insignificancia numérica real. La discriminación y la introducción de medidas de control social y de reforzamiento de fronteras son, en un sentido histórico, una amenaza cierta contra los propios trabajadores europeos, contra los cuales se pueden volcar esas medidas de control en caso de graves enfrentamientos sociales.

La creación de la moneda común, el euro, destinada a facilitar la libre circulación de mercancías y su comercio, a imponer la disciplina fiscal al centralizar la política monetaria, y a garantizar la estabilidad cambiaria de las posiciones acreedoras entre los países de la unión, se modeló en beneficio de la economía más fuerte: la alemana. Con la política monetaria en manos del Banco Central Europeo (BCE) el margen de las burguesías para ajustar la “productividad” es la denominada “devaluación interna”. Es decir la reducción de los salarios absolutos y relativos de los trabajadores. La crisis de 2007/2008 desató un feroz aplastamiento de los ingresos salariales en toda Europa, pero en particular en los países de economías más débiles, Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España (los PIIGS, expresión despectiva por sus siglas en inglés). El euro, que entró en circulación en 2002, fue el corsé para esta operación de la que los trabajadores europeos no se han recuperado.

El conjunto de las instituciones europeas es un engendro destinado a preservar los intereses de los capitales más concentrados en contra de los intereses de los trabajadores. Son un instrumento ofensivo de esos intereses capitalistas para extender su acción imperialista a escala global, ya sea en Europa del Este, el espacio ex soviético, África y el Oriente Próximo y América Latina. Su presencia en la OTAN preserva su alianza última con Estados Unidos a pesar de los conflictos circunstanciales con el gendarme mundial. Sin embargo, su estructura no es monolítica sino, muy por el contrario, está en fase de disolución bajo los efectos de la crisis mundial. La responsabilidad de los socialistas revolucionarios es levantar un programa de transición contra la UE por su derrocamiento en favor de una Federación de Repúblicas Socialistas Europeas.

 

  • ¡Ningún inmigrante es ilegal, papeles para todos! Desmantelamiento de los “centros de internamiento”, que en la práctica funcionan como campos de concentración.
  • Por un Frente Único de las organizaciones obreras y populares para aplastar al fascismo en cada barrio, ciudad y país. Desmantelamiento del aparato represivo.
  • Por la derrota de las medidas de “austeridad” y el canibalismo social impuesto por el UE a los pueblos de Europa. Pleno empleo, escala móvil de horas de trabajo, salario mínimo de 1200€ y vivienda digna para todas las clases populares.
    Pensiones públicas universales sin distinción de género iguales al salario mínimo
    Educación, sanidad y todos los servicios sociales públicos, gratuitos y garantizados.
    Cancelación de la deuda con los tiburones financieros. Expropiación de la banca, de todos los sectores estratégicos de la economía, y de los grandes capitales, bajo el control de los trabajadores.
  • ¡Abajo la UE imperialista y la OTAN, por el gobierno obrero y la unificación socialista del continente europeo y los Balcanes desde Lisboa hasta Vladivostok!
    Por el internacionalismo proletario.
    Por los Estados Unidos Socialistas de Europa.

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